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MÁS SOBRE LA RETÓRICA ALREDEDOR
DE LOS OBJETIVOS INTERNACIONALES Y LA REALIDAD DE LA AYUDA OFICIAL
PARA EL DESARROLLO
Por OLIVER KLEIN-BOSQUET y ÓSCAR DEL ÁLAMO
La lectura del Paper “The Rethoric of International Development
Targets and the reality of Oficial Developmennt Assistence”, del
Asesor Económico del Fondo de Naciones Unidas para la Niñez
(UNICEF), Santosh Mehrotra, ha llevado a los autores a profundizar
en el análisis de la situación del cumplimiento de
algunas de las principales perspectivas de desarrollo, así
como preguntarse por la eficacia y la orientación de los
métodos utilizados en su beneficio. Algunas conclusiones
que se intuyen del siguiente trabajo las mencionamos a continuación:
el nivel de ayudas no es el suficiente; la proporción de
la cantidad destinada a servicios básicos, como puede ser
la sanidad, el acceso al agua o la educación tampoco está
bien calculada; las modalidades de la ayuda deben seguir viviendo
el proceso de transición hacia los programas sectoriales;
el concepto de condicionalidad debe de ser reformulado; y, finalmente,
sin una concepción global de la cooperación al desarrollo
que envuelva a todos los ministerios de un gobierno, difícilmente
se podrán conseguir los objetivos preestablecidos para el
año 2015.
1. Apuntes Preliminares
La Asamblea General de las Naciones Unidas ha confiado tradicionalmente
a la UNICEF (United Nations Children's Fund), creada en 1946 y refundada
en 1953, el mandato de promover la protección de los derechos
del niño, de ayuda a satisfacer sus necesidades básicas
y de aumentar las oportunidades que se le ofrecen para que alcancen
plenamente sus potencialidades, lo que se traduce en la actualidad
en el cumplimiento de lo dispuesto en la Convención sobre
los Derechos del Niño de 1989.
El Centro Innocenti de Florencia fue creado en 1988 por iniciativa
de la propia UNICEF con el objetivo de convertirse en un centro
de investigación y creación de alternativas a favor
de los derechos infantiles en todo el mundo. Santosh Mehrotra es
Asesor Económico de UNICEF y desempeña labores de
investigación en el mencionado Centro Innocenti. Uno de los
cuadernos del centro fue dedicado, en el año 2001, a reproducir
un trabajo del señor Mehortra sobre la situación del
cumplimiento de los Objetivos del Milenio marcados por Naciones
Unidas para el año 2015. Pese a que lo expresado en la publicación
no representa la posición oficial de la organización
internacional, no deja de ser significativo que desde la misma se
acepte y se divulgue el tono crítico y extremadamente realista
de las aseveraciones de su autor.
La UNICEF se engloba dentro de las organizaciones internacionales
progresistas del sistema de Naciones Unidas (1) ,
como pueden ser la Organización de Naciones Unidas para la
Educación , la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Programa
de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Alto Comisionado
de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Alto Comisionado
de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (UNHCR) o la Conferencia
de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), muchas
de ellas sometidas en los últimos años a un considerable
recorte presupuestario. Las organizaciones realmente poderosas e
influyentes (2) , como son la Organización
Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario
Internacional (FMI), que representan el lado conservador del sistema,
se dedican cada vez más a nuevas tareas dirigidas también
a promover el desarrollo infantil, la educación, la acogida
de refugiados, los derechos humanos o la apertura de mercados, entre
otras, quitando peso relativo a las organizaciones especializadas
de que antes hablábamos. En este desarrollo de la gobernabilidad
mundial tiene mucha culpa la actitud de los países ricos
donantes que son a su vez los que deciden apoyar más o menos
los programas de una u otra organización. Es el efecto perverso
de lo que denominamos “cooperación à la carte”.
2. Los Objetivos del Milenio
El resultado de las conferencias y cumbres mundiales patrocinadas
por la Organización de las Naciones Unidas y celebradas en
el decenio de 1990 llevó a que la comunidad de gobiernos
donantes de ayuda al desarrollo se emplazaran en el año 2000
a cubrir determinados objetivos en un periodo de quince años
(estos son los conocidos Objetivos del Milenio). Entre las metas
más ambiciosas de esta iniciativa se haya reducir hasta la
mitad la extrema pobreza en el mundo, así como asegurar la
educación primaria universal. No cabe discurrir mucho para
llegar a la conclusión de que para cumplir estos objetivos
haría falta, sobre todo, un incremento sustancial de lo que
conocemos por Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Si en algo es unívoco
el testimonio del análisis de Santosh Mehrotra es en descifrar
el desfase existente entre la ambición del mandato y el esfuerzo
mínimo en la dirección de beneficiar su cumplimiento,
realizado hasta el día de hoy, por los países donantes.
Desde UNICEF se ha trabajado tradicionalmente a favor de unas áreas
determinadas del desarrollo infantil como pueden ser, entre las
más importantes: la salud (mediante masivos programas de
inmunización, otorgando especial atención a la extensión
del riesgo siempre creciente que representa el SIDA); la mejora
en la nutrición; la educación; el ámbito social
y el ecológico. Por otro lado, y más concretamente,
los principales Objetivos del Milenio, que vinculan los esfuerzos
de todas las organizaciones que se ocupan de la cooperación
al desarrollo son siete:
1) Reducir a la mitad la proporción de
personas que viven en la pobreza extrema;
2) Matricular a todos los niños en la escuela
primaria para 2015;
3) Avanzar hacia la igualdad entre los géneros
y dar poder a la mujer, eliminando disparidades entre los géneros
en la enseñanza primaria y secundaria para la misma fecha;
4) Reducir la tasa de mortalidad infantil en dos
terceras partes;
5) Reducir la mortalidad materna en tres cuartas
partes;
6) Dar acceso a servicios de salud reproductiva;
7) Poner en práctica estrategias nacionales
de desarrollo sostenible.
De los países donantes, tan sólo Luxemburgo, Dinamarca,
Holanda, Noruega y Suecia han llegado en alguna ocasión a
dedicar el 0'7% de su presupuesto a la cooperación oficial
al desarrollo. Hoy en día es una constante comprobar como
las ayudas están sufriendo una modificación a la baja.
Desde el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
no se duda en afirmar que se necesitaría gastar el doble
en AOD para llegar a alcanzar los Objetivos mencionados.
Así como existen tendencias en la inversión al desarrollo,
también existen tendencias en el análisis de la pobreza
mundial. Hoy son motivo especial de preocupación los 1.200
millones de personas que viven con menos de 1 dólar diario
y los otros 1.600 millones que viven con menos de 2 dólares
diarios. Si pensamos en el mundo que tendremos en el año
2015, independientemente de si viviremos globalmente mejor o peor,
lo que es seguro es que contaremos con una población de aproximadamente
1.000 millones más de habitantes con respecto a la actualidad.
Tanto Kofi Annan (Secretario General de las Naciones Unidas) como
Donald Johnson (Secretario General de la OCDE ), Horst Köhler
(Director Gerente del Fondo Monetario Internacional) y James Wolfensohn
(Presidente del Banco Mundial) están de acuerdo con la retórica
y la ambición de los Objetivos, aunque no podríamos
decir lo mismo de los recursos que logran activar desde sus respectivas
organizaciones. Carol Bellamy, desde la UNICEF , poco puede hacer
aunque deseara más. En este sentido, la Conferencia sobre
la Financiación al Desarrollo que tuvo lugar durante el pasado
2002 en Monterrey no ha hecho más que confirmar el estado
de la cuestión: no se puede o quiere gastar más, aunque
se intentará invertir en la dirección correcta para
mejorar la situación frente a los objetivos marcados. En
paralelo, se puede decir que ocurre lo mismo si hablamos específicamente
del objetivo del desarrollo sostenible y tenemos en cuenta como
último referente la Cumbre de Johannesburgo: estamos de acuerdo
todos y trabajaremos juntos para cumplir unas metas comunes, aunque
los países que podrían hacer más sólo
van a contribuir a perfeccionar la estrategia.
Sin duda, esa modificación de la estrategia es fundamental,
aunque tiene que ir asociada más pronto o más tarde,
como ya hemos repetido, al aumento de la cantidad de la inversión
en el desarrollo. Tanto por lo que se refiere al nivel básico
sanitario, como a la educación primaria, el acceso al agua
potable, el nivel de saneamiento o lo que conocemos por salud reproductiva,
sabemos qué podemos hacer y cuántas vidas humanas
podemos salvar o, en todo caso, mejorar su calidad de vida. Por
citar otro ejemplo, en un país como Marruecos, sorprenden
los indicadores de mortalidad de mujeres durante y después
del parto. Estas cifras no son nada difíciles de aliviar
mejorando simplemente la calidad de la información e invirtiendo
en una formación y una transferencia de tecnología
básica, por otro lado no demasiado costosa.
Una primera conclusión a la que llegamos cuando investigamos
la situación del cumplimiento de los Objetivos del Milenio
es que el mundo es tan grande que las lecturas que se pueden hacer
sobre la experiencia en el África Subsahariana no sirven
para el Asia Central, por citar sólo un caso. Las iniciativas
y los laboratorios han sido tantos que no podemos considerar una
única receta válida para cualquier sitio, aunque sí
podemos destacar éxitos rotundos, en algunos casos, y fracasos
estrepitosos, en otros. Por citar otro ejemplo ilustrativo, podemos
afirmar que en el mundo entero la tasa de matrículas de las
niñas ha aumentado más rápidamente que la de
los niños, y eso es positivo discriminatoriamente hablando,
porque deberemos seguir luchando contra el absentismo de esos niños
que aún nos queda por escolarizar.
Existen compromisos como el de dedicar un 20% de la AOD al ámbito
social que es en gran parte el más visible de los países
empobrecidos, como existen compromisos para concentrar la actuación
geográfica en los cuarenta países declarados como
altamente endeudados (actuando por otro lado y en el mismo nivel
la condonación progresiva de las deuda contraídas),
o los países que sobrepasan el umbral de la pobreza, en su
gran mayoría países africanos. Sin duda, ese tipo
de compromisos internacionales deben cumplirse al estar vinculados
con el principio fundamental de los Objetivos del Milenio. También
sabemos que sin modificar algunas de las políticas que influyen
sobre la agricultura y el comercio en los países más
pobres, desde el seno del club de los países de la OCDE ,
no tendrá realmente sentido un esfuerzo para con el desarrollo
que no sea completo en todas sus vertientes. Hoy en día,
existe la información suficiente para determinar cuándo
se están incorporando parches a una situación muy
complicada, o cuándo se están ofreciendo realmente
potencialidades al desarrollo. En la actualidad, la estrategia que
parece tener más sentido a nivel mundial es la de lograr
borrar del mapa algunos de los índices negativos más
agudos, dejando un poco de lado esa preparación del futuro,
que también es imprescindible.
3. Analizando las modalidades de la Ayuda Oficial al Desarrollo
(AOD)
La forma o modalidad de asistencia es una cuestión importante
de cara a mejorar la efectividad del apoyo externo en relación
a los servicios sociales básicos. Desde 1960, el proyecto
ha sido la forma más habitual para la provisión de
apoyo por parte de los donantes y, hoy día, continúa
siéndolo. Sin embargo, la modalidad de proyecto, según
Mehrotra, ha sido criticada en lo que se refiere a la creación
de enclaves con una limitada capacidad para la extensión
de sus efectos así como pobres vínculos hacia otros
sectores o áreas geográficas. Esta modalidad también
ha sido criticada por el limitado alcance de la propiedad local,
por estar dirigida por el donante en su diseño y control,
por sobrepasar el presupuesto preparado por el ministerio de hacienda
del país receptor y por enturbiar los procesos de planificación
nacional.
La ayuda basada en proyectos también se encuentra sujeta
a problemas sobre la sustitución de recursos. En otras palabras,
con la financiación de proyectos específicos, los
donantes pueden ayudar, de manera inadvertida, a incrementar los
gastos en sectores que no desean financiar.
Bajo estas circunstancias, no sorprende que, desde mediados de
la década de los noventa, otras modalidades de intervención
por parte de los donantes, como por ejemplo el apoyo a programas
sectoriales, sean empleadas progresivamente en varios sectores (particularmente
en salud y educación). Los mayores donantes, en particular,
se han adherido al enfoque sectorial aunque los proyectos siguen
constituyendo una parte mayoritaria dentro de su agenda.
El enfoque sectorial se ha producido de dos maneras diferentes:
Programas de Inversión y Programas de Amplio Sector. El primero
ha sido adoptado (por parte de algunos donantes bilaterales bajo
el liderazgo del Banco Mundial) con vistas a enfatizar una mejora
en la coordinación entre los proveedores de fondos y presupone
la existencia de una capacidad de implementación suficiente
en los países receptores. El segundo (3)
es bastante diferente; en él, el gobierno del país
en vías de desarrollo espera adoptar un rol más activo
en las tareas de coordinación de donantes, formulando prioridades
e implementando programas; en segundo lugar, al instante de ser
destinada, la financiación es colocada en una cesta común.
Por otra parte, en este punto, debemos tener en cuenta la cuestión
del liderazgo (propiedad nacional), a la que encontramos ligada
el tema de la sostenibilidad nacional (que depende de la capacidad
de cada nación). Cuando los gobiernos están dispuestos
y capaces para ocupar una posición de liderazgo, la acción
del donante debe ser de cooperación más que de coerción.
La experiencia en relación al enfoque de proyecto, durante
varias décadas, ha demostrado que en la medida en que el
canal de financiación de las agencias se encuentra fuera
del proceso presupuestario del gobierno del país en desarrollo
éstas permanecen como parte del problema y no cómo
parte de la solución. Al mismo tiempo, permanecen aún
importantes debilidades en los enfoques sectoriales que han sido
adoptados hasta la fecha. Así, la necesidad de mejorar la
coordinación, incrementar la propiedad y reducir la dependencia
de las ayudas ha sido progresivamente reconocida por la comunidad
donante y la respuesta resultante es un nuevo énfasis en
el partenariado.
En este punto, debe hacerse referencia a dos perspectivas diferentes.
La primera la que nos indica que los intereses de los donantes determinan
el tipo de proyectos que ellos financiarían. La nueva perspectiva
es aquella en la que los países determinan sus propias prioridades.
El punto clave pasaría por que los gobiernos deberían
coordinar a todos los donantes.
Si los donantes otorgan el control al gobierno del país
receptor, los recursos podrían ser desembolsados por el receptor
de acuerdo a una estrategia general de desarrollo, incluyendo un
plan de reducción de la pobreza que habría sido discutido
previamente por los donantes y el país. Esta es la dirección
que el autor del texto considera como aquella que debe ser tenida
en cuenta con la excepción que, en el corto plazo, una mayor
parte de los recursos de los donantes necesitan ser desplazadas
hacia los recursos básicos. Si el gobierno del país
en desarrollo tiene en marcha un plan para la reducción de
la pobreza, los recursos deberían ser capaces de actuar como
apoyo de un plan bajo la dirección del gobierno.
Mehrotra considera que, por el momento, nos encontramos lejos de
conseguir tal reunión de recursos en la medida que existen
diferencias entre los donantes en relación al grado de harmonización
posible. Mientras algunos donantes han mostrado una buena predisposición
de cara a lograr dicha harmonización, otros no han hecho
lo mismo (4) .
4. Problemas e inconsistencias de las políticas
sociales al desarrollo
Si volvemos otra vez a lo que nos aporta Mehortra, hay muchos factores
que limitan la habilidad de los países en vías de
desarrollo para capitalizar sobre las oportunidades provistas por
la globalización, incluyendo las políticas internacionales
y aquellas pertenecientes a los países desarrollados. Sólo
una minoría de las agencias de desarrollo han tomado medidas
tangibles para asegurar que sus políticas domésticas,
y su posición en las negociaciones sobre políticas
acordadas internacionalmente, se formulen de acuerdo a una perspectiva
destinada a la reducción de la pobreza.
En este sentido, una de las más oscuras inconsistencias
en las políticas de los países industrializados se
encuentra en el hecho de que sus ministerios de hacienda promueven
una liberalización de la inversión para los países
en desarrollo mientras los ministerios de comercio imponen cuotas
de importación cuando las inversiones en los países
aliados, recientemente liberalizados, incrementan sus exportaciones
a los países industrializados. Según Mehrotra, existen
importantes razones del por qué la liberalización
comercial conduce, a menudo, a resultados negativos. Por ejemplo,
la rápida liberalización del comercio puede haber
contribuido a una ampliación del déficit comercial
en los países en desarrollo en general. La liberalización
conduce a un agudo aumento en las importaciones, pero las exportaciones
fallan en el momento de aumentar. Claramente, mientras un país
puede controlar cuán rápido liberaliza sus importaciones,
es incapaz de forzar el paso del crecimiento de las exportaciones
por sí mismo. El crecimiento de las exportaciones depende
de la infraestructura así como la capacidad humana y empresarial
para las nuevas exportaciones que requiere tiempo para lograrse.
Los países de bajos ingresos necesitan apoyo técnico
para alcanzar esta capacidad de exportación.
El autor resalta que uno de los casos más importantes de
inconsistencia es que los donantes apenas han incrementado su ayuda
oficial al desarrollo para la educación básica – el
sector con un mayor potencial para expandir la productividad económica.
Universalizar el acceso a la educación elemental o básica
y mejorar su calidad ha sido también ampliamente reconocida
como el instrumento más efectivo de cara a luchar contra
problemas tan acuciantes como el trabajo infantil. En este sentido,
Mehrotra argumenta que se provee muy poca asistencia sobre la educación
básica que pueda ayudar a reducir la incidencia sobre el
trabajo infantil y mejorar las habilidades básicas en los
países en desarrollo.
Es igualmente importante que aquellas mayores cuestiones de acceso
al mercado de los países en desarrollo no se encuentren fuera
de los límites. El crecimiento de la exportación es
parcialmente dependiente de los factores que se encuentran más
allá del control de los países en vías de desarrollo.
A menos que las barreras tarifarias y no tarifarias en los países
industrializados sobre las exportaciones de los países en
desarrollo no sean eliminadas, el potencial para hacer crecer las
exportaciones destinadas a cubrir los actuales déficits y
deudas no se logrará alcanzar.
Para el autor, los países industrializados, a menudo, desincentivan
las importaciones de muchos productos que los países en desarrollo
pueden producir más competitivamente. Por ejemplo, las tarifas
sobre los bienes manufacturados intensivos en trabajo (como productos
textiles, ropa o zapatería deportiva) van del 15 al 30 por
ciento. Las tarifas sobre las importaciones son aún mayores
en muchos productos agrícolas: más del 100% para la
carne, el azúcar o los productos lácteos. Los productos
vegetales y las frutas deben afrontar tarifas aún más
elevadas.
Por otra parte, Mehrotra incide en que el acceso al mercado no
debería ser una tarea de negociación. Por ejemplo,
el acceso a un pequeño paquete libre de tarifas y cuotas
para los mercados de los países en desarrollo debería
ser ofrecido como un incentivo a la negociación para que
los países en vías de desarrollo acepten, en mayor
grado, el vínculo entre el acceso al mercado y la aplicación
del supuesto trabajo de base. De hecho, los países industrializados
deberían estar dispuestos a transferir recursos, conocimientos
y tecnología de manera que los gobiernos de los países
en desarrollo comprometidos pudieran sacar partido de su integración
en la economía global.
En la medida que declinan los precios por materia se drenan significativos
recursos desde los países en desarrollo. Se ha producido
un flujo neto de recursos desde y no hacia el mundo en desarrollo
en cuenta sobre el declive de los precios de las materias. Esto
ha afectado en gran manera a los países pobres altamente
endeudados así como a la balanza de pagos de otros países
en desarrollo. En este sentido, la relevación de la deuda
no es caridad – es simplemente un medio de compensar (sólo
en parte) la salida de flujo neto de los países más
pobres. En otras palabras, la cancelación de la deuda no
puede sustituir la adicional ayuda oficial para el desarrollo. La
cancelación de la deuda, pues, no es suficiente en la medida
en que sigue existiendo un deterioro a largo plazo, en términos
comerciales, en los países menos desarrollados. De hecho,
hay un riesgo de que la actual situación con la trampa de
la deuda, se siga produciendo en el futuro.
A todo ello, añadir que los países menos desarrollados
son especialmente vulnerables a los shocks externos que pueden hacer
que pierda sentido toda planificación presupuestaria en las
áreas sanitarias y educativas. Como consecuencia, tienen
una especial necesidad de financiación compensatoria.
Otro aspecto a tener en cuenta es el relativo al Tratado Relativo
a la Propiedad Intelectual (TRIPS) y a la disponibilidad de fármacos
y medicamentos para los países en vías de desarrollo.
Bajo el acuerdo TRIPS los inventores son recompensados por el riesgo
comercial que ellos adoptan al invertir en la investigación
sobre nuevos fármacos con monopolio temporal durante el que
tienen derecho a vender sus invenciones al precio que ellos elijan.
Los gobiernos de los países en desarrollo, por otra parte,
deben balancear entre los bienes públicos y los monopolios
privados. En este sentido, en referencia a varios fármacos
existe un serio conflicto. Por ejemplo, en países como Brasil
y Tailandia, las compañías nacionales pueden poner
en el mercado una versión del medicamento llamado fluconazole,
empleado en los tratamientos contra la meningitis, con precios de
100 dólares anuales por tratamiento, cifra sorprendente si
tenemos en cuenta los 3000 dólares de precio por el producto
patentado.
Para el autor, a menos que los gobiernos de los países industrializados
apoyen la acción de los gobiernos de los países en
desarrollo en esta esfera, las compañías farmacéuticas
multinacionales emplearán el TRIPS para prevenir el acceso
a medicamentos que puedan salvar vidas en los países en desarrollo.
Así, según Mehrotra, lo que se necesita es una reforma
de las normas relativas a la propiedad intelectual de la OMC incluyendo
una reducción en el periodo de protección de la patente,
más fuertes salvaguardias para la salud y una total interdicción
sobre el amenazado uso de las sanciones comerciales.
Una última cuestión es la relativa a la consistencia
entre la retórica sobre la reducción de la pobreza
por un lado y el tamaño total de la ayuda oficial al desarrollo
por otra. En particular, porque en la medida que los donantes bilaterales
están proveyendo relevación de deuda, la ayuda oficial
al desarrollo puede caer. En la medida en que los países
pobres altamente endeudados reciben más ayuda de la que ellos
pueden compensar con la deuda, se ha argumentado que la servicio
de la deuda puede no ser un obstáculo para la financiación
del sector social. Mehrotra destaca varios problemas con esta lógica.
En primer lugar, la transferencia neta de recursos ha ido disminuyendo
con el tiempo. Así, a pesar de las transferencias netas positivas
de recursos, la carga fiscal de la deuda persiste. En segundo lugar,
los flujos de ayuda son bastante volátiles y, para los países
menos desarrollados, esta volatilidad compromete seriamente las
perspectivas de planificación presupuestaria, dejando aislada
la preparación de los planes para la reducción de
la pobreza. Si los desembolsos de ayuda o de relevación de
deuda se bloquean, los servicios de educativos y sanitarios pueden
llegar a colapsarse.
Por Oliver
Klein-Bosquet , Analista del Observatorio DESC de Derechos
Humanos,
y Óscar
del Álamo , Analista del Instituto Internacional
de Gobernabilidad (IIG)
Notas
(1) No es nuestra intención introducir
un debate sobre lo que podría calificarse como progresista
o conservador; sólo nos hacemos eco de una denominación
utilizada por la misma comunidad internacional.
(2) Cuando decimos “poderosas e influyentes” nos
referimos a su capacidad mayor, respecto a otras organizaciones
internacionales, de movilización tanto de recursos como de
funcionarios.
(3) Este segundo enfoque es mucho más reciente
y por lo tanto menos numeroso. Sin embargo, se ha contemplado como
uno de los mejores medios para el desarrollo de partenariados destinados
a la reducción de la pobreza.
(4) No olvidemos, por ejemplo, que algunos donantes
se encuentran limitados por restricciones legales en lo que se refiere
a financiar gastos recurrentes y a otros se les requiere presentar
informes detallados sobre sus gastos al parlamento.
Bibliografía Básica Utilizada
Mehrotra, Santosh (2001): The Rethoric of International Development
Targets and the Reality of Oficial Development Assistance , UNICEF,
Innocenti Working Papers, Firenze (Italia).
Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, UNCTAD
(2002): Informe sobre el Comercio y el Desarrollo , UNCTAD, Ginebra
(Suiza).
Science, Technology and Innovation Program (2001): Global Governance
of Technology; Meeting the Needs of Developing Countries , Center
for International Development at Harvard University, Harvard (Estados
Unidos).
The World Bank (2002): The Role and Effectiveness of Development
Assistance; Lessons from World Bank Experience , The World Bank,
Washington (Estados Unidos).
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