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16/4/07

Entrevista a Miguel Jara, autor del libro "traficantes de salud"
"Asusta pensar en manos de quién está nuestra salud"

Gara
Miguel Jara tiene 35 años, nació en el centro de Madrid -«como pude haber nacido en cualquier otro lugar del mundo»- y vive en la Sierra de Guadarrama. Es periodista «freelance» y escritor, y está especializado en la investigación y análisis de temas de salud y ecología. En la actualidad ultima otro libro sobre los «lobbies» industriales que actúan contra la salud pública y el medio natural.

Iñaki VIGOR |

Después de dedicar cuatro años de su vida a escribir el libro «Traficantes de salud», Miguel Jara no duda de que existe una gran corrupción en el actual sistema sanitario, pero aclara que su trabajo no es «contra» sino «sobre» este sistema.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

La idea de investigar estos asuntos y escribir un libro surgió leyendo una publicación, «Motivos de actualidad», en cuyas páginas encontré un reportaje sobre personas víctimas del sistema sanitario. Me impresionó especialmente que hubiera medicamentos capaces de matar a seres que buscaban sanarse con ellos. Apunté las fuentes informativas que salían en ese trabajo periodístico y busqué sus teléfonos, así tiré del hilo hasta escribir esas 320 páginas de «Traficantes de Salud».

¿Cuáles han sido los principales problemas con los que se ha encontrado?

La dificultad del tema estriba en la opacidad de la industria farmacéutica. En la actualidad resulta más fácil encontrar información sobre estos asuntos, en parte gracias a internet, pero hace sólo cuatro años había muy poca. El libro es una exposición integral de la corrupción del sistema sanitario, controlado por los laboratorios farmacéuticos.

¿Se trata de un tema tabú?

Las prácticas de la industria farmacéutica son, en efecto, un tema tabú. De hecho, soy el primer periodista que escribe en castellano que ha publicado un libro de estas características. Esto demuestra el enorme control que realizan las multinacionales farmacéuticas sobre los medios de comunicación. Resulta paradójico, y patético, que la absoluta mayoría de los periodistas que trabajan en medios o secciones de salud no hayan considerado noticioso que otro periodista sea el primero que escribe en su lengua en publicar un libro sobre la corrupción del sistema sanitario.

En el libro afirma que la industria de la salud es el negocio legal más rentable del planeta. ¿Puede aportar datos?

La industria farmacéutica está en crisis. Una dulce crisis, porque durante los últimos años está obteniendo un 17% de beneficio neto, mientras las multinacionales más potentes del planeta, las más conocidas, suelen tener una rentabilidad de alrededor del 3%. Marcia Angell, que fue directora de una de las revistas médicas más influyentes del mundo, sostiene que durante la década de 1990 todavía fue mayor esta proporción, entre el 19% y el 25%. Este beneficio se obtiene, sobre todo, manteniendo un precio escandaloso de los medicamentos.

¿Y quiénes se benefician de este gran negocio?

Los traficantes de salud, todas esas personas que han hecho de su trabajo en el sistema sanitario un lucrativo negocio, aunque la materia prima sea nuestra la salud. La salud y la enfermedad de la ciudadanía. Dicho esto, quiero dejar claro que lo mismo que existen multitud de traficantes de salud, también he encontrado muchos profesionales de este sector éticos, críticos, que no dejan que los intereses económicos se antepongan a los de la salud de las personas. Es la diferencia entre los traficantes y quienes no lo son. Sin estos últimos nunca hubiera podido escribir este libro y, por eso, está dedicado a ellos y a las víctimas del sistema sanitario, claro. Sobre todo, a las que han sufrido la muerte de algún familiar o graves daños en su salud por consumir un medicamento y que me han brindado sus experiencias.

¿Es cierto que se inventan enfermedades para crear nuevos mercados y convertir en pacientes a los ciudadanos sanos?

Inventar enfermedades es una de las muchas estrategias que utiliza la industria farmacéutica para abrir nuevos mercados. Se suele divulgar la idea de que la industria farmacéutica es el negocio de la enfermedad, pero no es del todo preciso. El negocio está en tratar la enfermedad con medicamentos y en minar la salud de los sanos, en hacer creer a las personas que gozan de salud que están enfermas para tratarlas con fármacos. Quieren convertirnos a todos en pacientes. Cuando decimos que se inventan enfermedades, nos referimos a que dolencias leves, simples factores de riesgo de un padecimiento e, incluso, procesos naturales o cotidianos de la vida, son exagerados de tal modo que llegan a percibirse por parte de la población como si fueran «peligrosas» enfermedades. Tener el colesterol alto o hipertensión arterial son factores de riesgo de dolencias cardíacas, pero no son enfermedades, aunque se hayan «medicalizado» y se traten en muchos casos con medicamentos peligrosos. La osteoporosis, la impotencia sexual del hombre, la fatiga crónica o la excesiva timidez tampoco lo son, y menos todavía envejecer o la llegada de la menopausia en la mujer, un ejemplo clarísimo de «medicalización» de un proceso natural.

El libro también aborda la manipulación de los ensayos clínicos a favor de los laboratorios.

Un tanto por ciento elevado de los ensayos presentan unos resultados que coinciden con lo que espera el promotor del mismo, el laboratorio fabricante de ese medicamento. Quien paga, manda, y la ciencia no iba a ser menos. Esos ensayos clínicos no sirven más que para dar un aval de conformidad a los productos farmacológicos. La mayor parte de los fármacos que se patentan hoy son copias de otros ya existentes. Los ensayos se han convertido en un elemento más de promoción del fármaco. Además, durante los últimos 25 años la mayor parte de los medicamentos nacieron en entidades públicas de EEUU. Concluidas las investigaciones básicas, son los laboratorios quienes cosechan los beneficios gracias a ciertas leyes ad hoc que los gobiernos de aquel país hicieron en los años 80 del pasado siglo para impulsar su industria. Los ciudadanos pagan dos veces: primero, al contribuir con sus impuestos a la investigación pública. Después, al comprar los fármacos a precios premeditadamente inflados para mantener los márgenes de ganancias que ofrece la industria farmacéutica. Todo esto es un fraude científico. También hay que destacar que las compañías farmacéuticas utilizan las publicaciones médicas, donde exhiben sus «novedades», a su favor. En ellas publican redactores médicos pagados por la industria que destacan los aspectos positivos del medicamento sobre el que supuestamente «informan», y esconden los negativos. Llegados a este punto de prostitución médica y científica, el lector se preguntará si al menos los medicamentos que puede encontrar hoy en las farmacias son efectivos. Pues si hacemos caso de un ex alto ejecutivo de la firma GlaxoSmithKline, más del 90% de las medicinas cumplen con su efecto sólo entre el 30% y el 50% de las personas.

Usted sostiene que la «compra» de médicos es habitual. ¿Cómo se hace?

La compra de la voluntad de los galenos se ha convertido en algo habitual y consentido de modo sistemático. Hasta el punto que Farmaindustria, la patronal española que reúne a 280 laboratorios, ha publicado un código deontológico en el que «castiga» la mala praxis en la promoción de medicamentos. Las multinacionales farmacéuticas más grandes tienen una «fuerza de ventas», como denominan a sus ejércitos de visitadores médicos, de varios miles de individuos. Acuden a las consultas y allí se producen verdaderos intercambios: compromiso de recetar determinadas marcas de fármacos a cambio de botellas de vino, material informático o viajes a congresos a celebrar en lugares exóticos. En los últimos años, se han desarrollado redadas masivas contra médicos y visitadores en varios países. La policía italiana descubrió en 2004 la concesión de comisiones ilegales y regalos a miles de médicos italianos por parte de GlaxoSmithKline por recetar sus productos a los pacientes. En la operación fueron denunciados más de 4.000 médicos.

«Utilizan sofisticados métodos de espionaje"

Usted sostiene que se espía a los ciudadanos a través de la receta médica o mediante la implantación de la tecnología de radiofrecuencias en los envases. ¿Lo puede explicar con más detalle? ¿Cómo lo ha sabido?

Todo comenzó en Bilbao. El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Bizkaia denunció que la empresa Close Up, en colaboración con Microdata Servicios, estaba visitando las farmacias para escanear las recetas dispensadas en las mismas. El Colegio pidió que, por ética, no se ofrecieran esos datos, y menos a cambio de una contraprestación económica, como sucedía y como continúa sucediendo en otros puntos del Estado y con otras compañías.

La información de las recetas la venden estas empresas de marketing farmacéutico a los laboratorios a precios increíbles, pues con ella pueden conocer las pautas de prescripción de los médicos y elaborar sus estrategias de promoción sabiendo a qué médicos hay que presionar para que receten ciertas marcas de medicamentos. Los métodos se han sofisticado y hoy, compañías de marketing farmacéutico, como IMS Health, ofrecen a los farmacéuticos programas de software de fácil instalación en el ordenador de su oficina de farmacia a cambio de una compensación económica. Quienes acceden, envían semanalmente la información de las prescripciones a la central de la casa.

Otro método de espionaje a la población, aún más sofisticado, es etiquetar los fármacos con el sistema conocido por sus siglas en inglés RFID (identificación por radiofrecuencia). La multinacional Pfizer ha comenzado a enviar sus partidas de Viagra desde su central en Francia hasta EEUU con estos dispositivos. Son del tamaño de un grano de arena e identifican cada unidad, por lo que con la tecnología apropiada puede seguirse cada bote de fármacos por todo el mundo. Hay grupos organizados de consumidores, sobre todo en EEUU, preocupados con la expansión de esta tecnología, con la que es fácil seguir a los portadores de un objeto.

Así, es posible que en un futuro más cercano de lo que creemos existan farmacias o botiquines «chivatos» en nuestras casas, que alguien pueda desde el exterior saber qué medicamentos tenemos. I. V.

16/4/07
Rompiendo Muros
03/04/07 Boletín Electrónico
Rompiendo los muros de la desinformación

Operación Milagro: La cura de millones de latinoamericanos

Más de medio millón de personas de 28 países del Tercer Mundo, hasta hace poco olvidadas, han sido curadas gratis de la vista en apenas dos años y nueve meses por el programa cubano Operación Milagro.

Desde el 10 de julio de 2004, cuando se realizaron las primeras 50 intervenciones quirúrgicas, Cuba impulsa este proyecto para preservar y devolver la visión, en sólo 10 años, a no menos de seis millones de latinoamericanos y caribeños sin recursos económicos.

Datos del ministerio de Salud Pública de la Isla revelan que al iniciarse el actual mes de diciembre los médicos cubanos habían operado por ese solidario programa unas 506 mil personas afectadas de ceguera y otros padecimientos visuales.

Esa cifra incluye alrededor de 290 mil venezolanos y casi 100 mil cubanos que fueron intervenidos en instituciones de salud de la mayor de las Antillas y en centros oftalmológicos instalados en Venezuela.

Médicos y técnicos de la Isla, con los equipos y la tecnología oftalmológica más avanzada del planeta, crean las capacidades para operar de la vista anualmente a cerca de un millón de pacientes, en el contexto de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).

Con solidaria, humana y ética labor, los cubanos estructuran junto a la República Bolivariana de Venezuela una ingente tarea, sin precedentes en el mundo, para revertir la crítica situación de millones de enfermos visuales de los países tercermundistas.

Unos 50 millones de personas en el mundo son ciegas, y entre ellos un millón y medio son menores de 16 años, estimaron expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En América Latina los necesitados de operación oftalmológica rondan los cinco millones. En el Caribe más de medio millón pierde la visión cada año, muchas veces sin ser examinados por los médicos.

Por cada millón de habitantes hay en la región ocho mil ciegos, calculó la OMS. Son pacientes de escasos recursos que no pueden acceder a los altos costos de una cirugía en instituciones privadas.

La cifra de invidentes prevenibles llega a más de cuatro millones y medio. Se trata de personas imposibilitadas de tratamiento a causa de las políticas neoliberales, que convierten la medicina en otra mercancía.

La Operación Milagro, creada por Cuba y apoyada por Venezuela, es una gigantesca campaña de gran contenido social y humanitario que no distingue condición social, edad, ni raza de las personas atendidas.

Al principio, las operaciones se realizaban en hospitales de la Isla; mas para ampliar el número de beneficiados fueron instalados nuevos centros oftalmológicos en otros países de la región.

Así, ese programa - iniciado con enfermos venezolanos trasladados a Cuba para ser intervenidos - se extendió ya por 28 naciones del área.

En este último año se han creado centros oftalmológicos, operados por personal médico cubano, en varios países latinomericanos.

En Venezuela funcionan actualmente 13 instalaciones de ese tipo con 28 posiciones quirúrgicas y dependencias similares prestan servicios en Ecuador y Haití, con dos; Guatemala y Honduras, una en cada uno, y 11 con 16 puestos quirúrgicos en Bolivia.

Recientemente, La Habana anunció la donación de otros cuatro centros a Honduras, para la atención a poblaciones sin ese servicio.

La iniciativa se aplica en Argentina, Brasil, Belice, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Paraguay, Surinam, Venezuela y Uruguay.

También en Haití, Antigua y Barbuda, Bahamas, Dominica, Granada, Jamaica, Monserrat, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas.

Hasta hoy, uno de cada 83 venezolanos fue atendido; también uno cada 196 bolivianos y uno cada 60 habitantes de Antigua y Barbuda.

FUENTE: Prensa Latina

16/4/07
Rompiendo Muros
30/03/07 Boletín Electrónico
Rompiendo los muros de la desinformación

PANAMÁ / OPERACIÓN MILAGRO: CINCO MIL 202 PERSONAS SE OPERARON CON MÉDICOS CUBANOS.
El milagro de volver a mirar

El proyecto de salud permite que personas de bajos recursos accedan a operaciones oftalmológicas. Luego del viaje de miles de panameños a Cuba, ahora el programa se trasladó a Panamá.

CAMBIO. Muñoz defiende el programa Operación Milagro y asegura que la operación que se realizó en Cuba le cambió la vida.

Es mediodía y Daniel Muñoz, de 76 años, está sentado en una hamaca en el portal de su casa. En sus manos sostiene un ejemplar del Semanario Litúrgico. Da vueltas a las páginas lentamente y luego vuelve sobre ellas.

Ese encanto por la lectura no es una costumbre arraigada en Daniel Muñoz, quien reside en la barriada San José del distrito de Cañazas, Veraguas.

Disfruta de ella desde hace menos de un año, cuando recobró la visión, gracias al programa Operación Milagro, que en los últimos 16 meses permitió que panameños de escasos recursos viajaran a Cuba para ser sometidos a operaciones oftalmológicas.

Muñoz asegura, periódico en manos, que el programa le cambió la vida: ahora puede ver y continuar su vida normalmente.

"Mi problema de visión era muy severo. En el ojo derecho tenía una ceguera total; y en el izquierdo, de un 90%. Apenas veía bultos", explica.

"Fueron épocas muy difíciles, pues poco a poco iba dejando de ver", amplía. Muñoz vivió durante varios años con la enfermedad. "Vivo solo. Así que tenía que hacer todas las tareas y con una ceguera tan grave tenía que hacer un esfuerzo extra para poder completar lo que iniciaba".

Consulta clave

Muñoz cuenta que un especialista le recomendó viajar a Cuba para poder ingresar al programa Operación Milagro. "Al principió pensé que era una broma. Pero al final me convencí que era cierto y me monté en un avión", relata.

Aquel viaje a la isla le cambió la vida: "Ahora doy gracias a Dios, pues estoy muy agradecido por los beneficios que he recibido; veo muy bien, distingo letras por muy pequeñas que sean y hago todos los oficios sin ningún tipo de problema".

El anciano comenta que su condición de persona de bajos recursos no fue un impedimento a la hora de solicitar el viaje a Cuba. "No gasté un solo dólar en la operación ni en el viaje y ni en la estadía", aclara. Muñoz realizó la travesía a Cuba en mayo de 2006.

"Mis amigos me regañan porque voy por la calle sin anteojos, pero yo les respondo: veo bien", relata Muñoz. con una amplia sonrisa.

Nueva etapa

Muñoz dice que se emocionó al enterarse que el programa Operación Milagro se implementará en Panamá y que, a raíz de ello, los panameños no tendrán que realizar el viaje a Cuba. "Los que no fueron beneficiados con el programa que aprovechen esta gran oportunidad", recomienda.

El programa de Operación Milagro, del que participó Muñoz, se desarrolló en la isla, desde noviembre de 2005 a febrero de 2007. Durante ese lapso, 5 mil 202 panameños se operaron de distintos problemas de visión, como cataratas, pterigios, ptosis y estrabismo.

Dentro del grupo de panameños que viajó también hubo casos de personas que se operaron de retinosis, una enfermedad de carácter degenerativo y hereditaria que produce una grave disminución de la visión y que en muchos casos conduce a la ceguera.

La misión local está compuesta por 22 personas

El 2 de marzo de 2007 el presidente, Martín Torrijos, inauguró el Centro de Cirugías Oftalmológicas, ubicado en el Hospital Regional de Veraguas. Allí se ejecutará el programa Operación Milagro, el plan de salud respaldado por el gobierno de Cuba.En el hospital veragüense se habilitaron dos quirófanos con capacidad para realizar alrededor de 40 operaciones diarias.Para realizar las intervenciones, hay un equipo compuesto por seis oftalmólogos, dos instrumentistas, dos optometristas, siete enfermeras generales, un laboratorista, un farmacéutico, dos ingenieros y un economista. Actualmente, se están evaluando los pacientes para luego establecer la fecha de inicio de la misión en Panamá. Camilo Alleyne, ministro de Salud, aseguró que todas las colaboraciones humanitarias que se ofrezcan en beneficio de los panameños serán "bienvenidas", siempre y cuando "se cumpla con las disposiciones que dictan las normas panameñas". Por el momento no se ha establecido el tiempo que estarán los cubanos operando en el país.

FUENTE: PRENSA.COM (Panamá) http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2007/03/19/hoy/panorama/923052.html

 

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