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Salud Pública y Desarrollo Humano en Centroamérica

 


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II Conferencia Internacional
“Salud Pública y Desarrollo Humano en Centroamérica”

San Salvador, 29, 30 y 31 de mayo de 2006

 

Ponencias 2006

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Intervención de Jesús Montes Estrada
Presidente del Consejo de Cooperación y Solidaridad Internacional de Gijón.
Asturias - España

II JORNADAS DE SALUD EN CENTROAMÉRICA

Del 28 de Mayo al 4 de Junio de 2006.
El Salvador y Nicaragua

Jesús Montes Estrada

En este siglo XXI que acabamos de estrenar, desde los países más poderosos, se ha publicitado a bombo y platillo los parabienes de una globalización que servirá, según nos cuentan, para el desarrollo de todos los pueblos que convivimos en este mundo, para que las distancias se acorten y haya más relación entre unos y otros. La movilidad geográfica de la población, las oportunidades que nos brindan, son otros de los eslóganes que se utilizan para vendernos el invento, y para ver, si como peces, mordemos el anzuelo.

Porque lo que la realidad nos ha mostrado, y nos lo muestra día tras día, es que lo único que interesa a los poderosos en el proceso de mundialización es la eliminación de fronteras a los capitales, lo que no significa evidentemente que se invierta en los países menos favorecidos, o más esquilmados, por tanto con dificultades para desarrollarse, sino que esta situación de debilidad interesa, porque así podremos seguir explotando a los más pobres (a las personas y a sus recursos naturales), para conseguir el menor precio de los productos, precio que no se refleja en lo que pagan los consumidores de los países del primer mundo, sino en las cuentas de resultados de las multinacionales.

El resultado de toda esta política es evidente. La desigualdad entre ricos y pobres es cada vez mayor y la situación, lejos de aliviarse, se agrava cada vez más con el tiempo. Y pese a las buenas intenciones, las buenas palabras, ningún gobierno poderoso ha tomado verdadera conciencia del problema. O quizás deberíamos decir que no les interesa tomarla, porque, por mucho que nos intenten engañar, el sistema de ricos y pobres es básico en el modelo capitalista que imponen.

Afortunadamente desde mi perspectiva, empezaron desde hace un tiempo a aparecer atisbos distintos a lo que nos tenían acostumbrados hace unos años.

A la situación cubana, siempre dispuesta a poner personal sanitario y solidaridad internacionalista ante cualquier catástrofe del tipo que sea, se suma Venezuela y su plan bolivariano, y últimamente Bolivia con Evo Morales al frente, dejando por toda Europa patente, que son propiedad de los bolivianos las materias primas que explotan las multinacionales, entre ellas españolas, que poco o nada redundan en beneficio del pueblo y si de manera absoluta en beneficio de los accionistas de Repsol, Telefónica, BBV, Banco de Santander, etc, etc… por supuesto, hay quien dice que estas trasnacionales son mejores que las norteamericanas, seguro que si, y al final, ¿qué?.

De esto los argentinos saben la de Dios, y de sus corralitos más. Encuentros, cumbres, convenios, acuerdos entre países de estas latitudes, como se vienen celebrando en los últimos tiempos representan una luz (una vieja canción en la dictadura y en relación con las huelgas mineras del 62 “Hay una luz en Asturias que ilumina España entera….”).

Decíamos que estos países representan una luz como no se veía desde hace muchos años. Ese es el camino, el camino de fondo, no el de forma ni del reparto de la miseria.

Por cierto, con Evo Morales compartí tribuna en un acto sobre “La Humanidad contra el Imperialismo” en Gijón en Abril de 2004, al que acompañaba Tarek Williams, hoy gobernador del Estado de Anzoátegui, en Venezuela. En Gijón, igual somos un talismán y no lo sabemos: Evo, Tarek, el Frente Amplio y Mariano Arana (hoy ministro de vivienda en Uruguay), después de más de 170 años de blancos y colorados….

Sepan ustedes que en Europa somos minoría los que pensamos así, sin embargo, somos varios millones de españoles y de otros países europeos los que seguimos con interés y preocupación cada paso que se da, cada elección municipal, sobre todo a nivel nacional, para seguir sumando una forma de ser y de ver distinta al capitalismo salvaje de este continente, y por tanto ir dando pasos en beneficio de los pueblos y de los más desfavorecidos, buscando un mundo más humano, más justo y solidario.

Por eso, hablar de los Objetivos de Desarrollo del Milenio propuestos por la ONU sin situarnos en ese contexto internacional que se nos dibuja es complicado. Estas medidas propuestas necesitan la implicación de los que tuvimos el privilegio de nacer en la “cara buena” del Mundo, y desgraciadamente parece que las actuaciones no van encaminadas hacia ese sentido.

Hoy en día, cuando para “ayudar” a un país en el peor sentido del término, hay que invadirlo militarmente, robar sus recursos, destrozar sus infraestructuras sembrando millones de víctimas, parece difícil que se pueda lograr que se cambie el concepto de solidaridad que tienen los principales gobernantes.

Nadie duda de que lo más necesario para alcanzar los niveles que se marcó la ONU en erradicación de la pobreza, el hambre, y las pandemias que asolan al llamado Tercer Mundo es la inversión económica sin contraprestaciones, bajo un principio de solidaridad entre pueblos que pocos parecen entender.

Y hoy aquí, que venimos a hablar de salud, hemos de resaltar que los tres objetivos de los ocho propuestos tienen que ver precisamente con eso, con la salud.

Porque de nada sirve toda la inversión en investigación para encontrar remedio al SIDA porque, si algún día tuviéramos la fortuna de encontrar la vacuna o el medicamento que ponga fin a esta pandemia, de nada serviría si ese remedio no se universaliza y todos los afectados, y ya sabemos de donde procede la mayoría, tanto geográfica como socialmente, pueden acceder a él de poco, o mas bien nada, serviría el esfuerzo.

Para una persona como yo que procede de España, escuchar en ocasiones el número de muertes que se producen, especialmente entre los más indefensos, los niños, a causa de enfermedades que nosotros hace tiempo que conseguimos controlar, produce una mezcla de dolor e indignación, porque en este planteamiento hay un gran fondo de injusticia y de mirar hacia otro lado para no ver la realidad.

Por eso, en Gijón, desde hace unos años, con un gobierno plural de la izquierda, profundizando en esa dirección, se esta poniendo especial esfuerzo en ayudar a aquellos que lo necesitan especialmente en dos direcciones: la primera, con una declaración política del Gobierno Municipal de la ciudad poniendo de manifiesto que Gijón es una ciudad de acogida y la segunda, con un compromiso político dejando claro que nuestra aportación no es únicamente económica.

Por estas razones tenemos una visión global del mundo y buscamos como referentes a aquellos países que luchan por liberarse, siempre dentro de nuestras limitaciones, que son muchas, pero aún así pensamos que encuentros como este, reflexiones compartidas, también ayudan a avanzar y a tener claro que más vale “morir de pie que vivir de rodillas” como dijo Dolores Ibárruri, Pasionaria, en un contexto distinto, no más que Irak, pero en un mundo igual de injusto que hoy.

 

 

 

 

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